Problemáticas de la IA en la traducción literaria

Artículo elegido: Spoturno, M. L. (2024). Traducción literaria e inteligencia artificial: Consideraciones para la formación universitaria. Cadernos de Tradução, 44(1), 1-26. https://doi.org/10.5007/2175-7968.2024.e100602 

    Ya que esta es la primera entrada de nuestro blog, hemos decidido empezar tratando el tema de una manera más general antes de lanzarnos a analizar temas más específicos. Por eso, nos hemos decantado por el artículo de María Laura Spoturno, profesora en la Universidad Nacional de la Plata (Argentina),  en el que aborda cuestiones generales sobre cómo la IA está afectando el mundo de la traducción literaria y cómo podemos los traductores y estudiantes de la materia adaptarnos al cambio. 

    A pesar de que el “boom” de la IA en nuestra sociedad sucedió hace escasos años, en 1950 muchos científicos y expertos ya valoraban sus posibles usos, entre ellos la traducción. En aquellos tiempos, la traducción editorial quedaba fuera de toda posibilidad, debido a las exigencias de la profesión, tales como la polisemia o la experiencia estética. Actualmente, no es así, y los expertos aconsejan analizar cada texto para valorar qué herramientas son necesarias para su traducción. 

    Se valoran aspectos positivos y negativos de la TA. Entre los positivos se encuentran la compensación por las rentas tan bajas de la profesión, el alcance a lenguas minorizadas (siempre que los sistemas no se basen en lenguas hegemónicas) y la ayuda a la creatividad. 

    Spoturno describe limitaciones como la emisión de juicios de valor (actividad de la cual la IA es incapaz), la pérdida de cohesión en la TA por segmentos y la pérdida de la intertextualidad. Se añade también que la TA favorece un lenguaje formal, estandarizado y no retórico ni estilístico, lo que dificulta aún más su tarea. Además, sitúa la protección de la propiedad intelectual y la transparencia de las prácticas de traducción mediadas por estas tecnologías como una de las mayores problemáticas para las que todavía no hay respuesta, lo que presenta un dilema ético. Algunas asociaciones de autores y traductores han empezado a establecer normas que definan el uso de las nuevas tecnologías, en pos de proteger la propiedad intelectual.

    El artículo también explica que, a la hora de valorar la productividad en la traducción editorial, no nos basamos en los conceptos típicos del tiempo o el número de palabras, sino en la creatividad y el sentido estético. Por este motivo, el uso de la TA en la traducción literaria no es “más rentable” en estos momentos. En consecuencia, no es tampoco aconsejable aplicar la posedición en ciertos tipos de textos, especialmente los literarios, ya que su revisión y corrección podría llevar más tiempo incluso que una traducción desde cero. 

    Teniendo en cuenta estos datos, consideramos que los grados de formación a la traducción deberían abrir sus puertas al uso de las nuevas tecnologías, a mostrar a los estudiantes como usarlas en su beneficio, en vez de acobardarse ante su avance o intentar competir con la IA. De la misma manera que actualmente nos sería imposible traducir sin el acceso a Internet, no aprender el manejo de las herramientas de TA podría producir un estancamiento laboral en unos años. La mayor baza de un traductor o una traductora siempre será mantenerse actualizado y al día de las novedades en su campo de trabajo.

    A pesar de lo que muchos consideran el peligro inminente de la IA y la TA, los traductores no pueden olvidar las limitaciones de estas tecnologías, y que la traducción literaria tiene un factor humano ineludible que solo ellos pueden adaptar con la calidad necesaria. Deben asimilar que su papel social y laboral está en constante cambio según las necesidades del encargo, a veces como traductores, poseditores, asesores lingüísticos o editores. A pesar de su gran invisibilización, la traducción y propagación de las obras, la literatura y la información en general sería imposible sin estas labores. 

 

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